El otro día dejé un RALPH loop ejecutándose por la noche. La idea era que se pasara solo el PHPStan, el PHPCS y los tests de un módulo, fuera arreglando lo que pudiera y me dejara marcado lo que no. Me fui a dormir. A la mañana siguiente solo tenía que revisar lo que había hecho, y el 70% del trabajo aburrido ya estaba resuelto.
Y ahí se me ocurrió algo que llevo tiempo rumiando. Si alguien me viera trabajar así, podría pensar que soy un vago. Y no le faltaría razón. Lo que pasa es que creo que esa vagancia, la mía y la de bastante gente que conozco, es justo lo que se va a pedir cada vez más.
El vago bueno no es el que no trabaja
Conviene aclarar el malentendido cuanto antes, porque la palabra "vago" tiene muy mala prensa.
No hablo del que no da un palo al agua. Hablo del que se niega a hacer veinte veces a mano algo que se puede hacer una vez bien y olvidarse. Del que, antes de ponerse con una tarea repetitiva, para un segundo y piensa: "esto tiene que poder hacerse solo".
No es nada nuevo, por cierto. Larry Wall, el creador de Perl, ya decía hace más de treinta años que las tres grandes virtudes de un programador son la pereza, la impaciencia y la soberbia. Suenan a defectos, pero él las planteaba como elogios. La pereza era el esfuerzo que te tomas para reducir el esfuerzo total: montar algo una vez para no repetirlo nunca más. La impaciencia era la rabia que te entra cuando el ordenador va lento, y es lo que te empuja a escribir programas que se adelantan a lo que vas a necesitar en lugar de limitarse a esperar tus órdenes. Y la soberbia era el orgullo de escribir código que nadie tenga ganas de criticar, sumado a esa confianza un poco excesiva de creer que puedes con cualquier problema. Las tres tienen su razón de ser, pero la que nos interesa aquí es la primera. Te montas un script hoy para no volver a tocar eso nunca más. Hay incluso una frase que se le atribuye a Bill Gates y que va en la misma línea: para una tarea difícil, elige a alguien perezoso, porque encontrará la forma fácil de hacerla.
El vago bueno trabaja. A veces trabaja más que nadie. Lo que no soporta es trabajar en lo que no aporta nada.
Hasta hace nada, también hacía falta el ejecutor
Durante años, las empresas que querían automatizar acababan fichando a alguien con esa cabeza. Alguien que mirase un proceso manual y dijera "no, esto no lo hago yo, esto lo monto para que se haga solo". Esa persona valía oro precisamente porque era rara.
Pero al lado, y durante mucho tiempo, seguía haciendo falta el ejecutor. El que se arremangaba y sacaba el trabajo adelante sin preguntar si había una forma mejor. Cabeza agachada, tarea hecha, siguiente. Y funcionaba. Había tanto trabajo manual que alguien tenía que asumirlo, y quien lo sacaba rápido y sin quejarse era un activo de verdad.
El problema es que el mundo donde eso era suficiente se está acabando.
Lo que cambia con la IA
Lo que ha hecho la IA no es inventar la automatización. Eso ya estaba. Lo que ha hecho es bajar muchísimo el listón para automatizar.
Antes, montar el script, el cron o el pipeline que te quitaba una tarea pesada requería un rato de trabajo y cierto nivel. Ahora le explicas a Claude Code o a OpenCode lo que quieres, lo dejas en un loop y te despreocupas. Tareas que antes no compensaba automatizar, porque el script costaba más que hacerlo a mano, de repente sí compensan.
Y aquí es donde el ejecutor de toda la vida tiene un problema. No porque trabaje mal. Trabaja igual de bien que siempre. El problema es que sigue con las orejeras puestas, mirando al frente, sacando el trabajo a mano como hace diez años. Y mientras tanto, a los lados, han aparecido formas de hacer lo mismo en una fracción del tiempo, a menor coste y con menos horas humanas invertidas. Él no las ve. No porque le falte capacidad, sino porque nunca ha tenido el reflejo de levantar la cabeza y preguntar "¿no habrá una forma mejor?".
Ese reflejo, que durante años fue casi un lujo, se está convirtiendo en lo importante.
El otro lado: la vagancia mal entendida
Ahora bien, tampoco quiero vender esto como que el ejecutor sobra y el vago es la solución a todo. Sería simplificar demasiado.
Hay una vagancia que es veneno. La del que le pasa el prompt a la IA, da por bueno lo que sale y lo despliega en producción sin revisarlo. Eso no es automatizar con cabeza, es delegar el criterio. Hay un artículo reciente de Sean Goedecke que da en el clavo: dice que en la era de la IA la virtud ya no es solo la pereza, sino la sospecha. Tu actitud por defecto tiene que ser que el modelo probablemente se ha equivocado en algo y te toca encontrarlo. El vago bueno automatiza, pero revisa. El vago malo automatiza y reza.
Y luego está el detalle de que no todo se automatiza igual de bien. En Drupal lo veo clarísimo. Una migración de un D7 lleno de deuda técnica heredada, una config que hay que dejar estable en un portal de alto rendimiento, un problema de caché que solo entiendes leyendo logs con paciencia... ahí la prisa y la pereza se pagan caras. A veces el valor está justo en la diligencia, en sentarte y hacerlo bien aunque resulte tedioso. La pereza bien entendida sabe distinguir cuándo automatizar y cuándo arremangarse. No es lo mismo "me da pereza pensar" que "me da pereza repetir". El problema del ejecutor nunca fue trabajar mucho, fue no mirar nunca a los lados.
¿Y entonces qué hago con esto?
Si me tengo que mojar, diría esto.
Si contratas, deja de premiar solo el volumen. La persona que saca veinte tickets a mano en un día parece más productiva que la que saca cinco pero ha montado algo para que los otros quince se hagan solos a partir de ahora. La primera te resuelve hoy. La segunda te cambia la pendiente. Si todo lo demás es parecido, yo me quedo con la segunda.
Y si eres tú el que trabaja, el ejercicio es sencillo aunque incómodo. La próxima vez que te encuentres haciendo algo repetitivo y sin ganas, no agaches la cabeza y lo termines sin más. Para. Pregúntate si eso lo puede hacer una máquina. Muchas veces la respuesta, hoy, es que sí. Y si la respuesta es que sí y aun así lo sigues haciendo a mano, ahí tienes el problema que el sector va a empezar a mirar con lupa.
Levantar la cabeza y mirar a los lados se ha convertido en parte del trabajo. No en un extra reservado a los más avispados.
Igual me equivoco, que conste. Llevo ya unos cuantos años en esto y el sector cambia de idea constantemente, así que a lo mejor dentro de un tiempo releo esto y me da hasta vergüenza. Puede ser.
Pero por lo que voy viendo, la tendencia va por ahí. Y yo tengo claro de qué lado quiero estar: el del que se va a dormir y se levanta con buena parte del trabajo ya hecho.